Tanto amó Dios al mundo, que
dio a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga
vida eterna.
Sic Deus diléxit
mundum, ut Fílium suum unigénitum
daret ut omnis qui credit in eum non péreat, sed hábeat
vitam aetérnam.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que con la venida de tu Hijo, luz verdadera, has
disipado las tinieblas del mundo; míranos con amor y ayúdanos a celebrar con
cantos y alabanzas la gloria del nacimiento de tu Hijo, que vive y reina
contigo...
Amén.
Quien ama a su hermano permanece en la luz
Lectura de la primera carta del
apóstol san Juan
2, 3-11
Queridos hermanos: En esto tenemos
una prueba de que conocemos a Dios: en que
cumplimos sus mandamientos. El que dice: "Yo lo conozco", pero no
cumple sus
mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él. Pero en aquél que
cumple su palabra,
el amor de Dios ha llegado a su plenitud, y precisamente en esto conocemos que
estamos
unidos a él. El que afirma que permanece en Cristo debe de vivir como él vivió.
Hermanos míos, no les escribo un mandamiento nuevo, sino un mandamiento
antiguo, que
ustedes tenían desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que
han escuchado y,
sin embargo, es un mandamiento nuevo éste que les escribo; nuevo en él y en
ustedes, porque
las tinieblas pasan y la luz verdadera alumbra ya.
Quien afirma que está en la luz y odia a su hermano, está todavía en las
tinieblas. Quien ama a
su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien odia a su hermano está
en las
tinieblas, camina en las tinieblas y no sabe a dónde va, porque las tinieblas
han cegado sus ojos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 95
Alégrese el cielo y goce
Laeténtur
Cantemos al Señor un canto
nuevo, cantemos al Señor, toda la tierra; cantemos al Señor, bendigamos su
nombre.
Alégrese el cielo y goce
Laeténtur
Proclamemos día tras día su
victoria. Cantemos a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las
naciones.
Alégrese el cielo y goce
Laeténtur
El Señor ha hecho el cielo;
honor y majestad le preceden, fuerza y esplendor están en su templo.
Alégrese el cielo y goce
Laeténtur
Aleluya, aleluya.
Tú eres, Señor, la luz que alumbra a las
naciones y la gloria de tu pueblo.
Lumen ad revelatiónem géntium, et glória plebis tuae Israel.
Aleluya.
Cristo es la luz que alumbra a las naciones
† Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
2, 22-35
Gloria a ti, Señor.
Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés,
ella y José llevaron al
niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la
ley: "Todo
primogénito varón será consagrado al Señor," y también para ofrecer, como
dice la
ley, "un par de tórtolas o dos pichones".
Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios,
que aguardaba
haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y
cuando José y
María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley,
Simeón lo tomó en
brazos y bendijo a Dios, diciendo:
"Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías
prometido, porque mis
ojos ha visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los
pueblos, luz que
alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel".
El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón
los bendijo, y a
María, la madre de Jesús, le anunció:
"Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel,
como signo que
provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de
todos los
corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Acepta, Señor, estas ofrendas en las que
realizas un admirable intercambio, a fin de que al
ofrecerte tus propios dones, podamos recibirte a ti mismo como premio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El intercambio en la Encarnación del Verbo
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor
nuestro.
Porque en el misterio santo que hoy celebramos, Cristo, el Señor, sin dejar la
gloria del Padre, se
hace presente entre nosotros de un modo nuevo: el que era invisible en su
naturaleza se hace
visible al adoptar la nuestra; el eterno, engendrado antes del tiempo, comparte
nuestra vida
temporal para asumir en sí todo lo creado, para reconstruir lo que estaba caído
y restaurar de
este modo el universo, para llamar de nuevo al Reino de los cielos al ser
humano sumergido en
el pecado.
Por eso,
unidos a los coros angélicos, te aclamamos llenos de alegría:
[Misa]
Por la entrañable
misericordia de nuestro Dios, nos ha visitado el Sol que nace de lo alto.
Per víscera misericórdiae
Dei nostri, visitávit nos Oriens ex alto.
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, que la gracia de estos sacramentos fortalezca
cada día más
nuestra vida cristiana.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
29/12/99-29/12/2000-29/12/2001--29/12/2003-29/12/2004-29/12/2005-29/12/2006-29/12/2007- 29/12/2008-29/12/2009-29/12/2010-29/12/2011-29/12/2012--29/12/2014-29/12/2015-29/12/2016- 29/12/2017-29/12/2018